sábado, noviembre 09, 2013

Plazas de Madrid

Llama la atención la ausencia de lugares, de rincones de esparcimiento en el centro de Madrid, el área más transitado y visitado de la ciudad. El Retiro queda un poco a desmano y hay que ir hasta allí ex profeso. Lo mismo sucede con el Templo de Debod. Quedan la Plaza de España -tirando a cutre y a menudo semi-ocupada por ferias y mercados varios, como sucede ahora mismo- y los Jardines de Sabatini. El resto son plazas pero, aunque numerosas, resultan inhóspitas. La mayoría están ocupadas en buena parte por terrazas, que no dejan de crecer en número y en extensión. El espacio sobrante suele consistir en una explanada de cemento en la que apenas hay bancos ni rincones para el descanso. A menudo ofrecen un aspecto descuidado. Parece mentira que una ciudad que se pretende amable, acogedora, que pretende atraer al visitante, lo maltrate sin embargo de tan mala manera. Incluso una ciudad como Nueva York, más volcada al consumo aún que Madrid, ofrece numerosos parques y plazas -en el downtown están, por ejemplo, Union Square, Washington Square, Tompkins Park...- en los que la gente puede descansar o interactuar sin tener que pagar una consumición. Son espacios que ayudan a crear comunidad, que invitan a la expresión ciudadana. Pues bien, esto resulta anatema en una ciudad como Madrid. Imagino que habrá razones para ello: evitar que la gente se apalanque, que se celebren botellones -parece que se celebran igual- que acampen los sin techo, potenciar al máximo el consumo. Pero de verdad asombra la miopía de sus responsables ya que así lo que se consigue es hacer una ciudad más antipática, no ya para sus pobladores sino también para los visitantes. Cuando veo al clásico grupo de turistas caminando por el centro, sobre todo en verano cuando el asfalto está recalentado, me dan pena. Sí, ya sé que de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda criticar a Madrid -su decadencia y degaradación son inobjetables- pero se trata de un fenómeno que vengo constatando desde hace mucho tiempo y que en lugar de corregirse parece ir a más. Uno, francamente, no sale de su asombro. Qué poca visión.


Un ejemplo de lo que comento es la Plaza del Conde de Barajas, en el Madrid de los Austrias -uno de los barrios más pintorescos de la ciudad-. O te sientas en la terraza -y consumes- o no tienes donde caerte muerto.





Otro ejemplo sería la Plaza de Juan Pujol, en el barrio de Malasaña. Una plaza tomada por las terrazas, ya sean desplegadas o recogidas -mesas y sillas apiladas-, que cuenta con cuatro bancos individuales -tres agrupados y otro aislado en medio de la nada- y que ofrece mayor espacio como aparcamiento de motos que de ciudadanos.

Son solo dos ejemplos pero los hay a decenas.

2 comentarios:

Blue dijo...

Ya veo, hay muchas sillas pero cobran por sentarse en ellas. Son plazas duras.

Saludos.

Fran Pérez dijo...

Amen