martes, febrero 17, 2015

Waging Heavy Peace, la autobiografía de Neil Young

La autobiografía de grandes artistas musicales se antoja un género al alza. Tras Bob Dylan, Patti Smith, Keith Richards o Morrisey le ha llegado ahora el turno a Neil Young de hacer recuento de su vida y trayectoria artística en su libro Waging Heavy Peace –aún pendiente de traducción al castellano. En él, el músico canadiense demuestra saber cuáles son los pasajes de su trayectoria por los que puede sentir especial curiosidad el lector medio y de ello se vale mediante breves alusiones que promete retomar más adelante para contar lo que en verdad a él le interesa, empezando por su firme empeño personal –en plenas negociaciones coincidiendo con el momento en el que escribió el libro- en comercializar un reproductor musical –denominado Pono- que mejore las pobres prestaciones en cuanto a la calidad del sonido de los reproductores de mp3 cuya difusión a través de fuentes como Spotify o I-Tunes ha contribuido, según él, a devaluar de forma dramática el acto de escuchar música.

Así, comprendemos enseguida que Young está lejos de ser un hombre unidimensional entregado en exclusiva a su carrera como músico y que sus intereses y proyectos son múltiples y variados, desde las maquetas de trenes a la construcción de casas si bien en su faceta de empresario de la innovación, además de Pono, destaca su pasión por Lincvolt, otro empeño personal, en este caso de muy largo recorrido, que consiste en la creación de un coche respetuoso con el medio ambiente que, en lugar de gasolina, funciona con etanol. Y es que Neil Young es también un fanático de los coches, especialmente de los modelos clásicos fabricados entre los años cincuenta y setenta los cuales ha coleccionado por decenas a lo largo de su vida.

Al margen de estos proyectos, a los que el autor de Harvest vuelve de forma recurrente, casi obsesiva, su autobiografía gira en torno a cinco intereses fundamentales: los medios de transporte de los que ha dispuesto: múltiples coches, como ya hemos mencionado, autobuses, con especial atención a Pocahontas, el mítico autobús acondicionado que le transportó en innumerables giras, o su barco de vela; los innumerables colaboradores y amigos: músicos, productores, managers, ingenieros de sonido, etc. sin los cuales su carrera musical no hubiera sido posible, de quienes nos ofrece una semblanza y a los que expresa su gratitud; los lugares y las casas en las que ha vivido a lo largo de los años; la familia tanto de origen como la propia sin olvidar sus relaciones sentimentales previas a ésta; y, por fin, la música sea a través de sus guitarras, de sus grabaciones, de la incesante búsqueda del sonido adecuado y de la creación de aquellos álbumes, así es como a él le gusta denominarlos, que a la postre le dieron la fama...


Si lo deseas, puedes leer la entrada completa en el último número de la revista digital de arte y pensamiento espacioluke

5 comentarios:

Blue dijo...

Ufff, soy fan de Neil Young. Lo escuché mucho y lo canté más. Aquel Harvest fue una joya auténtica.

Curioso lo de la creatividad y las drogas. Lo que no entiendo bien es por qué las deja a esta edad. Yo siempre digo que cuando sea vieja empezaré con ellas, jaja.

Saludos.

Il Gatopando dijo...

Las deja porque su padre perdió la cabeza cuando era una persona ya mayor y justo él había empezado a sentir que le podía suceder lo mismo. No obstante, la morfina es una droga que nunca conviene descartar, sea a la edad que sea.


Además de Harvest, Blue, seguro que has cantado más de una y de dos veces el "Hey, hey, my, my", ¿eh?

Saludos

Blue dijo...

Bueno, esa droga te la dan aunque no quieras, jaja.

Sí, claro, esa también.

;-)

NADIE dijo...

No sé por qué, pero me da que el libro le ha decepcionado un poco, lo digo por el tono de la reseña y por esa fina ironía sobre el Pono con la que la finaliza.

Il Gatopando dijo...

Sí, Nadie, es un poco eso que digo que Young se aprovecha de lo que al lector le despierta curiosidad para contar lo que a él le interesa. Ello deja un cierto regusto de insatisfacción aunque, a la postre, puede ser revelador para desentrañar al personaje.