Ninguna duda de que Trump, Milei, el nuevo presidente colombiano, Death Ayuso y similares son emisarios de el Rosario de la Aurora.
Ninguna duda de que Trump, Milei, el nuevo presidente colombiano, Death Ayuso y similares son emisarios de el Rosario de la Aurora.
Apiádate de la nación cuyas gentes son ovejas
Y cuyos pastores les engañan
Apiádate de la nación cuyos líderes son embusteros
Cuyos sabios son silenciados
y cuyos fanáticos invaden las ondas radiofónicas
Apiádate de la nación que no alza su voz
pero pretende mandar en el mundo
mediante la fuerza y la tortura
Y no conoce
más lengua que la suya
Apiádate de la nación que respira dinero
y duerme el sueño de los demasiado bien alimentados
Apiádate de la nación Oh apiádate de la gente de mi
país
Mi país tus lágrimas
!Dulce tierra de libertad!
(Lawrence Ferlinghetti, 2007)
A la reseña de Little Boy, la peculiar autobiografía de Ferlinghetti, se puede acceder aquí.
“¿Qué cuenta un tren, un vagón que avanza entre campamentos y lunas sobre la era, entre aromas de naranjas y pueblos en una noche de verano?
Quizás Perorata del apestado / Diceria dell’untore (Anagrama, 1983) sea la muestra más contundente de que no todas las novelas ambientadas en verano han de ser lecturas veraniegas. Es el que ofrece la primera novela de Gesualdo Bufalino un verano tétrico, que tiene como escenario un sanatorio para pacientes con tuberculosis en una localidad siciliana recién finalizada la Segunda Guerra Mundial, como si la sombra de la catástrofe se proyectara una vez concluida la contienda.
“Y yo... no consigo amar el verano. Es un tiempo de úlceras y cicatrices, colérico, arrogante, el tiempo que más daña a quien siente aproximarse el fin y quisiera moverse en la penumbra de silencios dignos, con un orden en sus pensamientos y la sangre en paz, al fin”.
Se dan en él cita un conjunto de personajes condenados en torno a un narrador, enfermo también él, llamado sin embargo a sobrevivir. Al modo de las plantas entre el asfalto, la vida encuentra resquicios por los que asomarse en semejante ambiente aunque lo haga entre toses, esputos, fatigas y pleuresía, encarnada en personajes ambiguos, desconcertantes. También la pasión romántica logra hacerse un hueco, si bien condenada de antemano. El narrador se vale de un estilo evocador, sofisticado, un tanto rebuscado que, por momentos, linda con la prosa poética, y contrasta con la aspereza de lo que cuenta, haciéndola digerible y, por momentos, sugerente, incluso hermosa.
“Lector, ¿te ha sucedido alguna vez, estando de pie en una escalera mecánica Renaciente, el ver los escalones que te separan de la plataforma de llegada encogerse sin remedio, y uno tras otro desaparecer en su propio armazón? Así fue con los días de aquel verano”.
Pasaron muchos años hasta que Bufalino consiguió completar y ver publicada la novela, su ópera prima, dado que su escritura coincidió con lo que él denominaría la “glaciación neorrealista”. Y es que en Perorata del apestado (el original “untore”, traducido en el título como apestado, hace referencia a quienes de forma premeditada impregnaban casas y personas durante la peste en Milán en el siglo XVII a fin de propagarla) hay una voluntad de exploración que se traduce en una lectura exigente, de brevedad engañosa dada su inclinación hacia el simbolismo y su desafío constante al lenguaje más previsible y corriente. Es la novela de un autor con marcada personalidad que refleja cierta voluntad de paradoja, si no de velada provocación, en la medida en que se halla toda ella impregnada de muerte, cuyo logro se plasma en que, pese a semejante panorama, incita a la relectura.
Que aquí aprendemos muy temprano a pasarnos la pelota unos a otros y luego eso, claro, tiene su reflejo en el terreno de juego.
30 de junio. En la terraza de la azotea. Se despertó de repente. En ese instante, un avión a reacción procedente de la base aérea volaba lentamente en silencio por encima de su cabeza. En la playa, niños intentan lanzarse dentro de su veloz sombra.
"Pero la novela pinta poco en la sociedad contemporánea: vale lo que crece en torno a ella, los retratos de los autores, las declaraciones, las entrevistas, los manifiestos a los que se adhieren. Nadie parece tener tiempo para leerse las 500 páginas que hace falta leer antes de empezar a hablar de un escritor, pero todo el mundo tiene tiempo para quedarse media hora viéndolo en la tele, o para echar una ojeada a la página que en el periódico habla de él. Tendrían que prohibir a los escritores decir nada que no fuera por escrito, y negarnos a los novelistas el derecho a verter una sola opinión, o un comentario, sobre la novela que hemos escrito. Si quieres saber de qué trata, léetela".
"Un escritor es solo su imagen, su utilidad como garrote contra el enemigo, lo que en el fondo habla de las diferencias tan leves que separan a los enemigos entre sí".
"Creo que el más imborrable es el estigma de clase".
"En la actualidad, lo que invita a subir al Everest no son las vistas que desde allí arriba se tienen, sino el récord. En esa dirección, las ciudades buscan eventos deportivos, exposiciones internacionales, lo superfluo como gran motor de la economía contemporánea: lo directamente productivo parece que apenas interviene en nuestras vidas".