Una ventana se asoma a la calle desde un apartamento situado a poca altura. Se ve en ella a un chico fumar un cigarrillo. Entre calada y calada contempla la calle con expresión atenta, quizás no tanto interesándose por lo que en ella ocurre sino más bien dejándose contagiar por el ritmo de la ciudad. Cuando expulsa el humo le gusta formar aros que se estrella n contra la rejilla de metal que protege su apartamento de la entrada de insectos. Le miro y siento el deseo de que su cigarrillo no se extinga nunca, porque tenerle allí me transmite paz, sosiego. Su visión me ayuda a olvidarme de todo: de los bocinazos, alarmas y sirenas, los sones y diatribas raperas, de tantas voces necesitadas de un interlocutor. Se le adivina tan perfectamente integrado en el paisaje urbano como si no le supusiera ningún esfuerzo, como si fuera algo natural para él, como si siempre hubiera estado, perteneciera allí. Me gusta por ello verle cuando cae la noche, apurando sus pitillos, anticipando el instante en que sus aros de humo se estrellarán contra las rejillas de metal...
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martes, agosto 05, 2025
Una ventana al mundo II
276 East 10th Street, New York, NY 10009
(Foto de Gabriela Barrera)
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viernes, enero 31, 2025
conversaciones de ascensor
Me marché de la ciudad de los rascacielos porque no soporto las conversaciones de ascensor.
jueves, enero 18, 2024
lunes, junio 26, 2023
viernes, septiembre 03, 2021
David Sylvian - September
September is here again
Las imágenes del vídeo están rodadas en Bryant Park (NYC)
lunes, julio 02, 2018
La ubicuidad de Philip Glass
"En un vagón del metro, en las calles del Village, en una u otra librería, haga frío o calor, sol o lluvia, sea mañana o tarde, si lo deseas de verdad y te concentras un poco, por algún lado acabará apareciendo Philip Glass."
Ahora que se van a cumplir cinco años de su publicación, parece un buen momento para recuperar alguna estampa de De paseo por la ciudad que murió de éxito.
Mad Rush me evoca el ritmo del tráfico en Manhattan. Creo que Glass trabajó como taxista.
La pieza es interpretada por el organista Donald Joyce
Ahora que se van a cumplir cinco años de su publicación, parece un buen momento para recuperar alguna estampa de De paseo por la ciudad que murió de éxito.
Mad Rush me evoca el ritmo del tráfico en Manhattan. Creo que Glass trabajó como taxista.
La pieza es interpretada por el organista Donald Joyce
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viernes, marzo 10, 2017
The Only Living Boy In New York
Tanto que hablamos en su día de Bob Dylan y de Leonard Cohen, tuve la impresión de que Paul Simon -otro gran folkie en sus orígenes, también de ascendencia judía- quedaba un poco injustamente relegado. Llegó el momento de la reparación.
El tema está dedicado a Art Garfunkel quien había viajado a México para rodar la película Catch-22, mientras Simon seguía escribiendo canciones con la sensación de ser "the only living boy in New York".
El tema está dedicado a Art Garfunkel quien había viajado a México para rodar la película Catch-22, mientras Simon seguía escribiendo canciones con la sensación de ser "the only living boy in New York".
martes, junio 16, 2015
Just Kids (Éramos unos niños), las memorias de Patti Smith
Just kids (Éramos unos niños), el celebrado libro escrito
por Patti Smith –galardonado en Estados Unidos con el National Book Award-, publicado
en nuestro país por Lumen, es la historia de una amistad y de un compromiso: el
forjado por la autora y por Robert Mapplethorpe
a través de una relación sentimental –en sus orígenes- y de complicidad
–en todo momento- tras recalar ambos
siendo “apenas unos niños” en el Nueva York de finales de los años sesenta donde
coinciden y unen fuerzas en su propósito de abrirse camino y triunfar en el
mundo del arte. Una relación plena, aunque
poco ortodoxa, en la que confluyen aspiraciones íntimas, vocacionales y
profesionales.
El lector es así testigo del sin fin de penalidades que
ambos protagonistas hubieron de padecer durante los años que vivieron
instalados en la precariedad, superadas todas ellas gracias a la perseverancia,
a la fijación de ambos en alcanzar su objetivo. En este sentido, Just Kids, a
su manera, puede entenderse como una validación del sueño americano marrado,
eso sí, por la tragedia de la enfermedad, del SIDA, que acabaría prematuramente
con la vida de Mapplethorpe y de tantos otros destacados miembros de la bohemia
artística. Tragedia narrada por Smith a modo de epílogo sin dramatismos ni
sentimentalismos, como dejando claro que es el aspecto vital de la historia, de
sus protagonistas, el que se impone.
Just Kids es también una historia sobre un tiempo y lugar:
el Nueva York de finales de los años sesenta y principios de los setenta –la
narración concluye con la publicación de Horses, el primer disco de Patti
Smith, en 1975, mientras que la muerte de Mapplethorpe, ocurrida en 1989,
compone el epílogo-, esa ciudad ya icónica del Hotel Chelsea, de Max’s Kansas
City, del CBGB, de Coney Island y del Village pero también de sus difíciles
inicios en anónimos barrios de Brooklyn, sin olvidar sus escapadas a París y a
Francia bajo el influjo del poeta Arthur Rimbaud.
El libro puede asimismo ser leído como un prolijo “Quién es quién” del ambiente bohemio contracultural de la época. Y es que Smith, casi sin proponérselo –o al menos esa es la impresión que transmite-, a menudo arrastrada por Mapplethorpe, a quien representa impulsado por una enorme ambición, se las compone para establecer contacto con numerosas figuras de aquel ambiente, sean casuales y efímeros como en los casos de auténticos astros del momento: Janis Joplin o Jimi Hendrix, con quienes coincidió poco antes de su muerte, o más prolongados y sustanciales como lo fueron su experiencias con Jim Carroll o con Sam Shepard, con quienes mantuvo relaciones sentimentales, su amistad con Todd Rundgren o su alternar con la variopinta fauna asidua a la Factory de Andy Warhol o con residencia en el Hotel Chelsea.
El libro puede asimismo ser leído como un prolijo “Quién es quién” del ambiente bohemio contracultural de la época. Y es que Smith, casi sin proponérselo –o al menos esa es la impresión que transmite-, a menudo arrastrada por Mapplethorpe, a quien representa impulsado por una enorme ambición, se las compone para establecer contacto con numerosas figuras de aquel ambiente, sean casuales y efímeros como en los casos de auténticos astros del momento: Janis Joplin o Jimi Hendrix, con quienes coincidió poco antes de su muerte, o más prolongados y sustanciales como lo fueron su experiencias con Jim Carroll o con Sam Shepard, con quienes mantuvo relaciones sentimentales, su amistad con Todd Rundgren o su alternar con la variopinta fauna asidua a la Factory de Andy Warhol o con residencia en el Hotel Chelsea.
En su evolución, desde su infancia en un condado perdido de
New Jersey hasta su irrupción como figura del rock, tiene la narración de Patti
Smith un marcado componente de novela de formación (bildungsroman),no exento de
dramas personales como la entrega en adopción de su primer y temprano hijo,
aunque centrado en su largo y difícil aprendizaje fruto de una constante
búsqueda que le llevará a dar con su medio de expresión tras innumerable
tanteos con las más diversas disciplinas artísticas: dibujo, decoración,
estilismo, poesía y, por fin, la música como sostén natural para su escritura.
El éxito viene así descrito como fruto, como consecuencia de una larga exploración
personal y creativa alimentada y estimulada en colaboración y, a la vez, en
contraposición a la de Robert Mapplethorpe, quien triunfaría a su vez en el
campo de la fotografía.
La escritura de Just Kids, narrada desde la memoria, en
sentido cronológico y en primera persona es por supuesto prosa pero bebe de la larga
formación poética de Patti Smith, quien se revela como una escritora perspicaz
dotada de una gran capacidad de síntesis. Predominan los párrafos breves,
ágiles, que a menudo adquieren sentido a través de símbolos de los que se
alimenta y que actúan como fetiches: objetos, fechas, encuentros, instantes que
a Smith se le antojan envueltos en magia, que dotan de sentido a su trayectoria
y, a la postre, le reafirman en el camino que ha escogido.
Hay en la actitud de Patti Smith y de Robert Mapplethorpe una
espiritualidad, una mística que remite a la entrega al arte como una especie de
fe, como si solo el culto a una religión pagana estuviera en condiciones de suplantar el firme bagaje católico que caracterizó
la infancia de Mapplethorpe y que marcaría su personalidad. Una devoción que se
vería recompensada con el acceso de ambos al paraíso artístico aunque para él
conllevara el precio del martirio.
Esta reseña está también disponible en el número de verano de la revista digital de agitación cooltural agitadoras
miércoles, diciembre 10, 2014
viernes, junio 13, 2014
La oficina
Al género al que pertenece este vídeo se le denomina vídeo-ensayo. Es un trabajo del director de cine, Leon Siminiani, que data de 1998. Se trata del primero de una serie denominada: Conceptos clave del mundo moderno. Ofrece una visión personal, aguda y tiene sentido del humor. Y, bueno, hay un componente en él que me toca muy de cerca en el plano personal aunque esa ya es otra historia.
jueves, marzo 06, 2014
De paseo por la ciudad que murió de éxito - Reseña
A caballo entre el diario y el anecdotario, inspirado por ese hibridaje tan posmoderno pero a la vez tan necesario de mucha escritura actual, De paseo por la ciudad que murió de éxito es el volumen que, dedicado a Nueva York, Sergio Sánchez-Pando publicó hace unos meses en la madrileña Eutelequia. Necesitaba encontrar un rato para leerlo con calma. Un "rato de calidad", como dicen los cursis.
Y me he encontrado con un libre breve, intenso y releíble. Son noventa páginas y cincuenta fragmentos. Lo de la relegibilidad es más difícil de explicar. Pero como soy un crítico audaz lo intentaré.
La primera prueba es puramente física: dejé el volumen sobre el escritorio cuando lo terminé y, ahora que estoy enjaretando esta reseña, pruebo a abrirlo de nuevo por donde caiga. Releo el fragmento. Por ejemplo, "Mareados en un taxi". Aquí Sánchez-Pando nos cuenta el malestar estomacal que le provoca la conducción incivilizada de los famosos coches amarillos. Y de pronto aparece en el último párrafo Gelsomina, su pareja en el libro. Y todo adquiere un aire familiar. Recordamos sus derivas sentimentales, su vagabundeo por la ciudad, su buscarse la vida. Como si un amigo nos volviera a contar una vieja anécdota que, sin embargo, sigue tan fresca que ilustra por sí sola toda una época de su vida...
Y me he encontrado con un libre breve, intenso y releíble. Son noventa páginas y cincuenta fragmentos. Lo de la relegibilidad es más difícil de explicar. Pero como soy un crítico audaz lo intentaré.
La primera prueba es puramente física: dejé el volumen sobre el escritorio cuando lo terminé y, ahora que estoy enjaretando esta reseña, pruebo a abrirlo de nuevo por donde caiga. Releo el fragmento. Por ejemplo, "Mareados en un taxi". Aquí Sánchez-Pando nos cuenta el malestar estomacal que le provoca la conducción incivilizada de los famosos coches amarillos. Y de pronto aparece en el último párrafo Gelsomina, su pareja en el libro. Y todo adquiere un aire familiar. Recordamos sus derivas sentimentales, su vagabundeo por la ciudad, su buscarse la vida. Como si un amigo nos volviera a contar una vieja anécdota que, sin embargo, sigue tan fresca que ilustra por sí sola toda una época de su vida...
Si lo deseas, puedes leer la reseña completa en el último número de la revista digital de arte y pensamiento espacioluke
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jueves, marzo 01, 2012
Sunset Park
Sunset Park –su decimocuarta novela- nos devuelve a un Paul Auster en pleno dominio de sus facultades. A tal fin, el autor de New Jersey ha recurrido a algunas de las obsesiones que forman parte de su adn literario: la ciudad de Nueva York, con especial atención a Brooklyn y, en esta ocasión, en concreto al barrio que da título a la novela; la casuística de la liga de béisbol norteamericana y de aquellos jugadores que por razones poco previsibles contribuyeron a forjar su leyenda pese a caer en el olvido; la figura de un joven anti-héroe, un ser herido, atormentado, pero íntegro y consecuente aunque incomprendido; la eterna pugna entre la luz y la oscuridad dentro de cada uno de nosotros, reflejada esta vez a través del peso del pasado y del sentimiento de culpa; los libros, la literatura concebida como una especie valiosa quizás en peligro de extinción; el impulso creativo, el acervo cultural, sofisticado, en el buen sentido de la palabra, que atesoran la mayoría de sus personajes...
Como
escritor dotado que es, Auster se permite ciertas licencias u
homenajes como el que dedica al disidente chino Liu Xiaobo y el
reconocimiento a la labor del PEN Club, organización que cuenta con
su firme compromiso y que vela por los derechos y el bienestar de los
autores en aquellos regímenes en los que la palabra escrita aún
supone una amenaza y un riesgo, o el tributo a la película Los
mejores años de nuestra vida, centrada en las dificultades de la
vuelta a la normalidad por parte de los soldados que regresaron a
casa tras la Segunda Guerra Mundial que sirve como metáfora de las
dificultades que afronta el protagonista y, por ende, sus seres más
próximos, a la hora de plantearse el regreso tras su larga huida.
Pero, ante
todo, la clave reside en la portentosa capacidad de fabulación de
Auster, esa magia que le permite seducir al lector como si éste
conviniera en dejarse llevar de la mano con los ojos cerrados: los
más insólitos vericuetos del azar son presentados con una
naturalidad que los hace incuestionables; los personajes se erigen en
seres de carne y hueso, un compendio de fortaleza y debilidad, con
sus contradicciones a cuestas, a partir de meros esbozos. Todos somos
a un tiempo víctimas y verdugos, sobre todo de nosotros mismos,
aunque siempre acabamos por salpicar nuestras contradicciones a
nuestro entorno.
A
diferencia de otras ocasiones –pensemos en su novela previa,
Invisible-, Auster logra mantener el pulso de la narración hasta su
misma conclusión. Algo nada fácil dado lo ambicioso de sus
planteamientos Y es que pese a los mejores augurios una vez la
incertidumbre parece en trance de ser superada, una vez lo más
difícil parece haber quedado atrás, la duda persiste. No se puede
bajar la guardia porque las heridas abiertas nunca se cierran del
todo, porque forman parte de nosotros, son a la vez causa y
consecuencia. Al igual que les ocurre a los drogadictos, ante un ser
herido las circunstancias parecen conspiran para revelar su verdadera
naturaleza y nunca se puede descartar del todo una recaída. La
especie humana es frágil. Nuestra natural tendencia a la arrogancia,
a engañarnos a nosotros mismos, no importa lo bienintencionada que
sea, hace que nunca esté de más recordárnoslo, tantas veces como
sea necesario.
Puedes leer la reseña también en el número de marzo de la revista digital agitadoras.
viernes, febrero 24, 2012
Jim Carroll: Forced Entries
Anotaciones obligatorias: Nueva York, 1971-1973 es la secuela literaria de The Basketball Diaries, libro de culto en Estados Unidos que fue llevado a la pantalla con un joven Leonardo DiCaprio como protagonista. Crónica de una adicción, de una crisis personal – caída, si bien engañosa por efecto de la droga, hasta sentir el abismo, seguida de la consiguiente toma de conciencia y la precaria recuperación-, de una actitud consecuente siempre en el filo, siempre al límite.
Una libre adaptación del clásico “Yonqui” al decadente Nueva York de los primeros años setenta –uno de los momentos estelares que Carroll describe es su encuentro precisamente con William Burroughs en una fiesta, un momento memorable debido quizás a su absoluta falta de trascendencia-, a caballo entre la sordidez y el glamour en una ciudad disoluta entregada a toda clase de excesos y de penurias a cargo de un distinguido miembro de la bohemia contracultural.
Partiendo de una escritura basada en el yo más militante, la novela consigue la paradoja de trasladarte a un lugar y a una época que a muy pocos dejará indiferente y, aún más, su autodestructiva vitalidad resulta extrañamente contagiosa.
Una libre adaptación del clásico “Yonqui” al decadente Nueva York de los primeros años setenta –uno de los momentos estelares que Carroll describe es su encuentro precisamente con William Burroughs en una fiesta, un momento memorable debido quizás a su absoluta falta de trascendencia-, a caballo entre la sordidez y el glamour en una ciudad disoluta entregada a toda clase de excesos y de penurias a cargo de un distinguido miembro de la bohemia contracultural.
Partiendo de una escritura basada en el yo más militante, la novela consigue la paradoja de trasladarte a un lugar y a una época que a muy pocos dejará indiferente y, aún más, su autodestructiva vitalidad resulta extrañamente contagiosa.
lunes, mayo 09, 2011
domingo, enero 09, 2011
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