martes, junio 20, 2017

autoengaño / delusion

El reflejo de autoengaño más recurrente en la historia deber ser el del jefe en retirada que cree que controlará al sucesor por él nombrado.



The most common delusional reflex in history must be that of the chief in retreat who thinks that he'll keep under control the successor appointed by him. 

sábado, junio 17, 2017

Monterey Pop Festival, 16-18 de junio 1967

Este fin de semana –las fechas coinciden con los días de la semana- se cumplen cincuenta años del Festival de Monterey, celebrado en la localidad californiana del mismo nombre, el primer festival de música pop-rock de la historia, empapado en LSD, con el que arrancaría el denominado “verano del amor” de 1967 que marcaría el apogeo del movimiento hippy.

El festival fue organizado por John Philips, de The Mama’s & The Papa’s, y filmado por D.E. Pennebaker, documentalista pionero en retratar el fenómeno de la música rock. Los artistas actuaron gratuitamente pero muchos de ellos se verían recompensados con creces por la exposición que el documental les otorgó. De hecho, sirvió para catapultar las carreras de Janis Joplin –entonces miembro de Big Brother & The Holding Company-, Jimi Hendrix, Otis Redding –un cantante por entonces ajeno a las audiencias de raza blanca-, The Who -para quienes contribuyó a abrir el mercado norteamericano- o de un exótico Ravi Shankar que fue el único que consiguió levantar al público de sus asientos y que cobró por su actuación.

Visto desde la perspectiva actual llama la atención la candidez, la pureza del evento, reflejado en la ausencia de patrocinadores y, sobre todo, de logos comerciales o de otro tipo, la ausencia de mercadería, además del altruismo de quienes participaron en el mismo: los beneficios fueron a una fundación. Destaca así mismo la intención de darle la mayor diversidad en lugar de centrarlo en estrellas del momento como los propios The Mama’s & The Papa’s o Simon & Garfunkel –artistas como The Rolling Stones, The Beach Boys o The Kinks fueron invitados pero por una u otra razón no pudieron acudir- y en las bandas californianas, inmersas en pleno auge psicodélico, muy bien representadas por Jefferson Airplane, Country Joe & The Fish, The Byrds, Moby Grape, Buffalo Springfield, Grateful Dead, Quicksilver Messenger Service o la ya mencionada Big Brother… ya que a ellos se suman artistas procedentes del jazz como el trompetista sudafricano Hugh Masekela, del soul como el ya mencionado Otis Redding, por no hablar del debut en Estados Unidos del maestro del sitar Ravi Shankar.

En cuanto al verano de paz y amor arrancó con ciertas dosis de mala leche, sobre todo a cargo de The Who y de Jimi Hendrix, como si con ellos portara la semilla del tumultuoso 1968.  





martes, junio 13, 2017

redundante

Cada año más, el inicio del verano climatológico resulta redundante.




Every year more, the start of the climatological summer becomes redundant. 

sábado, junio 10, 2017

cebollón



!Uy, vaya cebollón que tengo!


miércoles, junio 07, 2017

libros del futuro / books of the future

Los libros del futuro se leerán solos.



The books of the future will be read by themselves.

domingo, junio 04, 2017

estorninos / starlings

Los polluelos de los estorninos negros que cada año por estas fechas anidan en el tejado de al lado ya asoman la cabeza.


The chicks of the black starlings that every year by these dates nest on the roof next to ours show their heads already.

miércoles, mayo 31, 2017

Vernon Subutex 1 y 2

Vernon Subutex da nombre a una trilogía en que la escritora francesa Virginie Despentes efectúa una incisiva radiografía de la sociedad parisina en el momento actual sirviéndose de una amplia y variada gama de personajes que gravitan en torno a sus dos protagonistas: por un lado, el que da título a la serie de libros, antiguo propietario de una tienda de discos que cerró a raíz de la comercialización de la música en formato digital y que acaba viéndose empujado a vivir en la calle y, por otro, Alex Bleach, cantante negro criado por una familia de raza blanca que conoció el éxito comercial a gran escala pero vivió atormentado hasta su reciente suicidio. Sea por el alejamiento de la realidad social que conlleva la condición de sintecho o como consecuencia de su fallecimiento, ambos comparten una cualidad cuasi-fantasmal en contraste al resto de personajes, a menudo impulsados por esos bajos instintos, tan reconocibles, tan inconfesables, que anidan en la vida y en las relaciones en sociedad.

El inusitado interés despertado por unas cintas de vídeo grabadas a modo de improvisada confesión por Alex poco antes de su suicidio, que implican a terceras personas y que entrega a un Vernon que se desentiende de ellas porque no le suscitan curiosidad y bastante tiene con lidiar con su desahucio, conforman el eje de la escueta trama en torno a la cual se articula la narración. Al grupo de viejos amigos de ambos, espoleados en sus conciencias al conocer la reciente condición de sintecho de Vernon tras haber sido fugazmente acogido en la casa de cada uno de ellos con reticencias mejor o peor disimuladas, se van sumando otros personajes interesados en obtener las cintas, sea de forma directa o por vía interpuesta, o afectados por lo que en ellas se cuenta.

Es el de Despentes un esquema sencillo pero efectivo que le permite ofrecer la panorámica social a través de una nutrida colección de personajes, partiendo del grupo de cuarentones al que pertenece Vernon, unidos en su juventud por su pasión por la música alternativa y la creatividad como seña de identidad rebelde –se intuye un componente autobiográfico en el retrato generacional y la autora cuenta con experiencia como vendedora de discos así como en otras actividades más sórdidas que encuentran reflejo en su obra- que, víctimas de sus limitaciones, maduran con creciente amargura al no haber visto cumplidas unas expectativas que a menudo ni siquiera son capaces de definir ya que son mucho más eficaces y precisos a la hora de despotricar que de afirmar. Sólo la situación de su amigo les hace reaccionar y retomar el contacto, instigados por el sentimiento de culpa tras haberle fallado, de igual modo que Vernon siente no haber estado a la altura cuando su amigo cantante le necesitaba pese a que no siente remordimientos por ello de igual modo que evita cualquier tentación de victimismo ante su precaria situación. El de Vernon es un personaje ensimismado, neutro, indolente, a un tiempo enigmático y transparente, que actúa como un espejo en el que cada cual se ve reflejado. A ellos se van añadiendo incorporaciones de la más variopinta condición: una estrella del porno, una hacker-trol, una familia de inmigrantes musulmanes, un travesti, neonazis, un exitoso productor de cine, otros sintecho, un humilde jubilado alcohólico... A medida que se amplía el espectro, se enriquece el calidoscopio humano a costa de tensar la credulidad del lector. Ello permite a la autora abordar las temáticas que definen la realidad social: racismo, sexo, intolerancia, conflictos de clase, de género, integración, dinámicas de poder, violencia, consumismo, individualismo, etc.

Vernon Subutex ofrece una visión inquietante de la sociedad actual a través de un discurso  ácido, cínico, en clave de realismo crudo. Al desencanto inherente a la madurez (“Pasados los cuarenta, todo el mundo parece una ciudad bombardeada”) se suma la rebaja de expectativas ante una civilización occidental en decadencia sometida a un acelerado programa de ingeniería social (“Se acabó el viejo mundo. ¿Qué necesidad hay de educar a gente que ya no necesitamos en el mercado laboral?”). Su rígido esquema formal se compone de capítulos más bien breves, cada uno de ellos centrado en un personaje, que además de progresar en la trama incluyen monólogos en tercera persona a través de los que la autora desgrana su momento vital, su personalidad y motivaciones y le permiten recuperar su pasado para ofrecerlos en perspectiva. Aunque efectivo ya que transmite sensación de ligereza y le permite alternar la perspectiva de un personaje a otro con agilidad, a la larga dicho enfoque puede inducir cierta monotonía –sumados, ambos volúmenes alcanzan casi las 700 páginas- que la autora busca conjurar introduciendo un drástico cambio de escenario en el último trecho de cada libro: así, mientras hacia el final del primero Vernon Subutex queda por fin en la calle tras pasar varias semanas trasladándose de una casa a otra, al final del segundo, todo el grupo se desplaza a Córcega donde empiezan a organizar fiestas espontáneas para las que Vernon, un tanto ajeno, casi reticente, actúa como dj ya que el buen oído y la cultura musical es cuanto conserva de su anterior vida.