martes, noviembre 12, 2013

La Buena Vida y Le Mans





¿Por qué a veces hay que marcharse tan lejos para aprender a apreciar lo que se tiene tan cerca? ¿Será la nostalgia? Lo cierto es que nunca había disfrutado tanto con las canciones de La Buena Vida y de Le Mans como lo hago en Nueva York. Me da un poquito de reparo admitirlo, pero no me puedo engañar. Me pregunto si me seguirán gustando tanto si algún día decido volver, si me sentiré tan cómplice una vez pasee de nuevo por los lugares que inspiraron sus canciones, cuando se haya disipado un poco el encanto de evocar, de transportarme por unos minutos preciosos a esos escenarios imaginarios que un día creí míos.




2 comentarios:

Blue dijo...

Cuando estamos lejos solo recordamos lo bueno, que es lo que echamos de menos. Cosas de la "morriña", que no solo la tenemos los gallegos.
;-)
Saludos.

Il Gatopando dijo...

Sí, Blue. Las connotaciones que tenía escuchar a La Buena Vida y Le Mans cuando vivía en Nueva York se han perdido en buena medida desde que regresé. Ahora, cuando los escucho, muy de tarde en tarde, trato de recuperar, en vano, la sensación que tenía cuando los escuchaba estando en Nueva York. Algo similar me ocurría cuando allí veía películas europeas y, no digamos, españolas.

Es un curioso mecanismo mental con el que tratamos de combatir la sensación de desarraigo.