martes, septiembre 02, 2014

La utilidad de lo inútil

La utilidad de lo inútil, el libro-manifiesto escrito por el profesor italiano Nuccio Ordine, reflexiona sobre la idea de la utilidad de aquella clase de conocimientos cuyo valor fundamental está libre de cualquier finalidad práctica, alejado de cualquier interés utilitarista o comercial. Ordine se refiere, en especial, a disciplinas de raíz humanística como la literatura, la filosofía o el arte pero también a la investigación científica desinteresada, aquella que no persigue más objetivo que satisfacer la curiosidad humana y cuyos logros a menudo sirven de base para ulteriores desarrollos aplicados por parte de otros investigadores.

Se podría decir que, en el fondo,  el libro de Ordine viene a responder a esa pregunta tan insidiosa como irritante a la vez que cada vez más frecuente que se resume en un: ¿para qué sirve leer?, o ¿para qué sirven la literatura, la filosofía o el arte? como si hoy día el esfuerzo por la adquisición de conocimiento sin un interés concreto constituyera por sí mismo un acto sospechoso si no un gasto de energía o una pérdida de tiempo.      

Y es que vivimos hoy en una sociedad que prima el tener sobre el ser, una especie de dictadura del beneficio y de la posesión que domina todos los ámbitos del conocimiento y de nuestro comportamiento cotidiano. La apariencia, por desgracia, cuenta más que el propio ser. Una mentalidad que ha acabado impregnando a la enseñanza y que amenaza con transformar, más aún en el actual contexto de profunda crisis socieconómica cuando los presupuestos encogen, a las instituciones educativas, también a las públicas, en empresas. Así, son hoy muchas las universidades que venden diplomas y licenciaturas –a menudo al alcance solo de los estudiantes de familias pudientes, que se convierten en clientes- a cambio de la perspectiva de obtener un trabajo y réditos inmediatos. La prioridad consiste en producir diplomados y licenciados aptos para ser introducidos en el mercado.

Ordine lamenta este proceso en la medida en que subvierte profundamente el sentido original de la educación cuyo fruto, sobre la base de la gratuidad, ha de ser siempre a largo plazo: alimentar la curiosidad del estudiante y transmitirle un conocimiento que, exento de cualquier utilitarismo, le forme como un ser intelectualmente autónomo. La profesionalización de los estudiantes solo puede ser entendida dentro del marco de una formación cultural más amplia que les lleve a cultivar de forma autónoma su espíritu y a estimular la curiosidad. De otro modo, resulta inconcebible imaginar en el futuro a ciudadanos responsables, capaces de renunciar a su egoísmo por el bien común, de practicar la solidaridad, la tolerancia, de reivindicar la libertad, de proteger el medio ambiente o de apoyar la justicia...


Si lo deseas, puedes leer la reseña completa en el último número de la revista digital de agitación cultural agitadoras 
   

1 comentario:

NADIE dijo...

Tal vez el problema radique ahí, en las propias universidades, las escuelas... en que también ellas (no del todo sus profesionales, o al menos muchos de ellos) han claudicado y se han constituido como un brazo armado más de esta nuestra sociedad de presuntos emprendedores y golfos apandadores del más diverso plumaje. On the road again, un cordial saludo.