miércoles, enero 23, 2013

Poniendo rostro a nuestro Berlusconi

Desde hace ya un tiempo, por la cuenta que nos trae, los españoles miramos de reojo a cuanto acontece en Grecia y también en Portugal, tratando de atisbar en dichos países cuál puede ser el escenario que aguarda a nuestro país en caso de que las cosas se tuerzan definitivamente. Sin embargo, mi intuición me dice que haríamos muy bien también en analizar cuanto ocurrió en Italia en los años noventa dado que la situación de España hoy ofrece muchos paralelismos con aquélla.

En los años noventa en Italia quebró el sistema de partidos que habían sostenido la democracia –siempre vigilada, a fin de evitar el acceso del poderoso Partido Comunista Italiano al poder- en aquel país desde el fin de la II Guerra Mundial. La corrupción acumulada por los pocos partidos que durante décadas se repartieron el poder -en especial la Democracia Cristiana, pero también el Partido Socialista- se hizo insoportable y amenazaba con derribar el edificio entero. Al fenómeno se lo denominó tangentopolis (las tangentes eran las comisiones que se pagaban a los partidos por cualquier contrato que desde cualquier ámbito de gobierno se concedía al sector privado y cuyo destino se perdía de inmediato).

Lo que destapó el entramado fue la acción de la justicia italiana -puede que también el temor a que el descrédito lanzara al país en brazos de los comunistas que permanecían como un partido puro en comparación- que, pese a las presiones, demostró un alto grado de independencia. Su campaña para desenmascarar la corrupción fue denominada: mani pulite (manos limpias). El fenómeno acabó con el derrumbe de la sempiterna Democracia Cristiana Italiana y del Partido Socialista –su líder, Bettino Craxi, acabaría exiliado en el Túnez del dictador Ben Ali, recientemente huido de su país, hasta antes de ayer miembro destacado, al igual que Craxi, de la Internacional Socialista-.

El descrédito acumulado por la tradicional clase política italiana abrió el paso a los advenedizos y de entre ellos surgió la figura de Silvio Berlusconi –íntimo, por cierto, de Bettino Craxi a cuya sombra habían prosperado sus negocios- al frente de su nuevo partido, Forza Italia, que a la postre serviría de banderín de enganche para amplios sectores de la población italiana. Lo que vino después ya lo sabemos pues ha sido portada de periódicos hasta hace muy poco tiempo.

En mi opinión, la partitocracia española, en acelerado proceso de bunkerización a fin de contener de puertas afuera la inmensa corrupción que anida en su seno, amenaza derrumbe. Pensemos que la democracia italiana es treinta años más vieja que la española –ambos países emergían del fascismo-, por ello nos llevan un poco de ventaja en eso de triturar sistemas democráticos. La clave, ahora, en España está en la judicatura. Si se investiga a fondo y se abre la caja de los truenos, la partitocracia española se hundirá. El problema es que sostener como sea un sistema podrido es una alternativa aún peor. La regeneración no es posible, ni creíble, por parte de los mismos que están pringados hasta las cejas y resulta muy difícil renunciar a unas formas de hacer fraudulentas que tantos beneficios les han reportado.

Las sociedades de los países del sur de Europa deberían plantarse de una vez frente al espejo y cuestionarse a fondo, sin trampas, sin atajos, sin excusas, cuáles pueden ser las razones que parecen inhabilitarles para la práctica democrática, para el sostenimiento de un estado de derecho relativamente sano, para evitar subvertir las prácticas democráticas siempre en el beneficio de unos pocos. ¿Por qué nos dotamos de un sistema formalmente beneficioso que sin embargo acto seguido nos apresuramos a vacíar de contenido hasta dejarlo en una mera carcasa sin sustancia a la que encima se pretende que sigamos rindiendo culto como si estuviera llena de contenido?

Es muy posible, por tanto, que en España –como ya se advierte desde muchos medios- también quede pronto expedito el camino a los populistas y salvapatrias. El riesgo es evidente y las alarmas parecen a punto de saltar, tan solo falta la chispa. En tal caso me pregunto cómo sería el Berlusconi español y, francamente, da miedo. Yo, a bote pronto, me lo imagino así como una mezcla entre Jesús Gil, Mario Conde, Esperanza Aguirre y José Bono. Para echarse a temblar, ¿no? Si al menos se tratara solo de un cuento de terror pero no, parece que esta vez va en serio... ¿O estamos aún a tiempo de evitarlo?



6 comentarios:

Inma dijo...

Excelente artículo. ¡enhorabuena!.
Has explicado meridianamente claro lo que sucede en España. No somos conscientes del poder que tenemos como sociedad y dejamos que nos manejen al antojo del partido de turno. Cuando estemos preparados para darles la patada, sea el que sea, entonces podremos tener un proyecto de democracia "cuasi-perfecta".
Mi idea del rostro es: Esperanza Aguirre y Pedrojota Ramírez...no les perdamos de vista, porque tienen muchas ansias de poder...
Cordial saludo.

Carlos Ballester dijo...

En los próximos años, y en cualquier caso tras unas nuevas elecciones, más probable sería que nos brindaran una especie de "mirlo blanco", con la bendición de Alemania, un tecnócrata de ´prestigió´, un Mario Monti a la española. Precísamente porque nuestra democracia es tan joven, y porque una mayoría de los españoles y no españoles (pero con DNI y nacionalidad española; que luego cada uno es libre de sentirse lo que le venga en gana)entienden lo excepcional de las circunstancias de nuestra Transición, y de las actuales, y que la Transición ha muerto -aunque núnca nos lo dijeron, ni hubo entierro.
Precisamente porque hasta por dos veces Ruiz Mateos se la jugó a muchos, o Mario Conde y su patético devenir, que él mismo se ocupa de mantener de actualidad (gracias Mario)
Precisamente por todo ello, creo que nuestro peligro es el Miedo de muchos, pero que a dia de hoy conozco ciudadanos que se sienten de izquierdas, derechas, antisistema, nacionalistas españoles, catalanes, apolíticos quemados, indignados pero que serían capaces de identificar un amplio cuerpo ético común.
Por todo ello es el momento de pensar que llegó la hora de un Gran Consenso Nacional, nacido desde, por y para el pueblo, y redactar una Consitución para España que pueda durar doscientos años, con modificaciones viables delimitadas en tiempo y forma, pero viables, y que acoja a todos los Ciudadanos (monárquicos y republicanos, derechas e izquierdas, creyentes y no creyentes, nacionalistas, inernacionalistas, y pasotas)

Una Constitución en cuya construcción, y por primera vez en nuestra Historia, todos los mayores de 16-18 años puedan participar desde la base, una constitución que para empezar (y de paso terminar con esta larga entrada, disculpas por ello) podría decir algo así como:

NOSOTROS, EL PUEBLO, los ciudadanos de Iberia, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el bienestar general, y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, ordenamos y establecemos esta Constitución.
Los representantes del pueblo constituidos en Asamblea nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; a fin de que los actos del poder legislativo y del poder ejecutivo, al poder cotejarse a cada instante con la finalidad de toda institución política, sean más respetados y para que las reclamaciones de los ciudadanos, en adelante fundadas en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos.

Artículo primero.- Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común...

Carlos Ballester dijo...

Entrada anterior:
Preámbulos de Constitución de los EEUU de América y de la Constitución de la República de Francia... ¿Qué tal si empezamos el borrador de la nuestra así?
(la que nos mereceremos si la conseguimos)
Salud

Il Gatopando dijo...

Yo lo suscribo, Carlos. El rpoblema fundamental que veo, ahora que el viejo régimen que salió de la Transición se derrumba a la vista de todos/as, es que España y consenso se me antojan términos antagónicos. El embrollo en el que estamos inmersos es de aúpa y un país dado a los atajos, como el nuestro, en su deseperación es muy probable que se lance en brazos del primer salvapatrias que prometa soluciones fáciles y venda humo. Es complicado ser optimista. Mi referencia sigue siendo Italia. El futuro de España, hoy, pasa por tener un pasaporte válido.
Un saludo

Carlos Ballester dijo...

Gatopando, totalmente de acuerdo en lo de Italia; en cuanto a Merkel le deje de ser útil la debilidad del muñeco Rajoy estamos abocados a un gobierno dirigido por alguien de perfil tipo Monti, que acordarán PP y PSOE "por el bien de España". Luego vendrán las elecciones, anticipadas o no, y ahí es dónde veremos hacia donde se decanta el miedoso cuerpo social mayoritario en España que convivió y sobrevivió a una Dictadura, que fue el verdadero cáncer social del que viene todo lo demás. la España del enchufe, el peloteo, las envidias, las recomendaciones... de aquellos polvos vienen estos lodos. Si al menos lográramos arrancar un cambio en la Ley Electoral a los dos dinosaurios, pero éstos no son propicios al harakiri...

Il Gatopando dijo...

Sí, está el problema de que España, cada día que pasa, es menos soberana y puede que llegue el día en que no seamos capaces de gobernarnos o aumente la inestabilidad y nos intervengan. Ahora mismo todas las opciones están abiertas.

Lo único, discrepo con la afirmación de que todos los males actuales vienen de la dictadura de Franco. Muchos de ellos vienen desde más atrás, tienen un muy largo recorrido. En la historia y la literatura de este extraño país abundan los ejemplos.