Aquel vinilo que prestaste, que no te fue devuelto y aún hoy añoras.
That vinyl that you lent, was not given back and you miss even today.
Aquel vinilo que prestaste, que no te fue devuelto y aún hoy añoras.
That vinyl that you lent, was not given back and you miss even today.
Cuando refutas la equiparación de nazismo y comunismo, quien la ha hecho da por sentado que eres comunista. Te das así cuenta de que su autor es aún más simple que la equiparación.
When you reject matching nazism with communism, who made it takes for granted that you are a comunist. So you realise that it's author is simpler yet than the matching itself.
Nápoles, Lotta Continua, veranos en Ischia, la escalada, la Biblia, el trabajo en la cantera, libros, la escritura,,, recuerdos, reflexiones, semblanzas en torno a sus obsesiones, a sus temas recurrentes, desgranadas en breves textos, es lo que, más o menos, viene a ser el penúltimo libro de Erri de Luca, aún pendiente de publicación en España, creo.
Una aplicación en el pecho cada noche te aliviará los síntomas provocados por la congestión pluralista facilitándote el respirar fascismo sin problemas.
One application on the chest every night will relieve the symptoms caused by pluralistic congestion making it easier for you to breath fascism without problems.
Ahora que se especula con el regreso de Juan Carlos I tras su poco edificante y lujoso autoexilio en Abu Dabi cabe pensar que, en caso de materializarse, se producirá una polarización de la opinión pública en torno a su figura. Por un lado, quienes reprochan al rey emérito una conducta poco ejemplar amparada en la inviolabilidad legal que le blinda se sentirán corneados al verle llegar a España tan campante, como si sus avatares legales y fiscales, dejando a un lado su perfil libidinoso, hubieran constituido una pelusilla que alguien se sacude de la pechera. De la otra parte, podemos contar con que un sector escaso en número pero muy influyente nos cantará las bondades de su reinado y nos recordará la enorme deuda contraída con su persona como garante de la estabilidad en un país históricamente poco propenso a ella.
Ese sector que se empeñará en que veamos la botella medio llena estará en gran medida conformado por quienes durante su reinado promovieron una visión idealizada del monarca: un hombre sencillo, afable, cercano, con don de gentes y profundos valores democráticos, al frente de una institución moderna y austera. Una figura ejemplar que encarnaba los valores de la España actual para la cual ejercía de inmejorable embajador en el mundo. En tan alta estima parecían tenerle que era como si invitaran a la sociedad española a pellizcarse por la suerte que había tenido de que un personaje así hubiera acabado encarnando y protagonizando un episodio tan sensible y delicado de la historia reciente del país.
Loas y panegíricos que serán emitidos por esas mismas fuentes que durante las décadas que duró su reinado silenciaron y ocultaron a los españoles cualquier detalle ocurrido en la trastienda de la casa real y alrededores que pudiera contradecir o entrar en conflicto con la visión edulcorada promovida en torno a la figura del monarca: grandes empresarios, influyentes periodistas, destacados políticos, escogidos miembros de la judicatura. Esos mismos que conforman el cogollo del poder, a quienes cabe imaginar intercambiando codazos y sonrisas de complicidad cada vez que en sus conversaciones privadas emergían detalles acerca de la verdadera conducta del monarca, como si estar en el secreto de la hipocresía que envolvía a su persona reafirmara su pertenencia a la élite.
A una élite con muy pocos escrúpulos, cabría añadir, pues en buena medida sus nombres y apellidos coincidían con los grandes beneficiarios del sistema ensamblado a raíz de la modélica transición española, en muchos casos provenientes del franquismo como era el caso del propio rey. La misma transición, sí, que había asombrado al mundo por su efectividad y había disipado los peores augurios sobre el futuro del país. Esa gente es tan responsable como el propio monarca, o más, de su tachable comportamiento, al envolverle de una impunidad para la que, a fin de no aprovecharse, hay que tener unos estándares éticos de los que Juan Carlos I, es obvio, carece.
Empresarios, periodistas, políticos, que al mirarse en el espejo del jefe del estado no recibían esa imagen idílica que ellos mismos contribuían a proyectar sobre el grueso de la sociedad española, sino la de un ser de carne y hueso con las taras propias de quien ha crecido en un entorno de privilegio sin jamás tener que rendir cuentas por sus propios actos. Debe tener que ser incómodo para un destacado miembro de la élite española que el jefe del estado le devuelva una imagen inmaculada. Mucho más aprovechable la de un granuja, no ya por ese as chantajista que le otorga en caso de que las cosas se tuerzan sino porque le evita remordimientos en caso de sentir la tentación de obviar la legalidad. Más bien, al contrario, casi le hace sentir un ingenuo, alguien un poco tonto, si no se anima a ello.
Algún día habrá que hacer la lista de discos que se adelantaron a su tiempo, de esos hoy incontestables y que en su día no se vendieron un pimiento. Vaya un anticipo con tres ejemplos:
Ojalá se hubieran demostrado en su día tan efectivas como oportunas y desesperadas sonaron estas Coplas de Carmen Romero, escritas por Javier Egea.
Díaz Ayuso, Mañueco, ahora Moreno... el electorado debería molestarse en aprender a penalizar a gobernantes que adelantan las elecciones sin justificación aparente más allá de la propia conveniencia.
En A partir de mañana, la tercera novela publicada de Santi Fernández Patón (Editorial Ferragosto, 2022), el “sexo débil” es el masculino, reflejado en la impotencia que aqueja a Jaime y que carcome su complicidad con Susana, su pareja. A la ausencia de sexo, de intimidad física en la relación, se une la dificultad y la falta de preparación para abordar y afrontar abiertamente un hecho esperable quizás en una relación de muy largo recorrido pero no en una a la que se presupone frescura, de juventud tardía, o de madurez temprana, en torno a la treintena, para entendernos. Alguien habituado a abrirse paso en la vida laboral a base de encadenar trabajos precarios, inestables, y que se pregunta hasta cuándo será así acaba por no saber muy bien en qué fase vital se halla o le corresponde.
Una masculinidad frágil, en cuestión, es el eje por el que gira una novela que se alimenta de sus inseguridades, sea a través de quien la padece en primera persona, sea a través de las dudas que genera en su novia pues incide de lleno en su feminidad además de en el compromiso mutuo; así también de la frustración, la incomprensión creciente que acaba por envolver y amenaza a una pareja que se ve de pronto desnuda, indefensa, a la vez junta y distante, cuando sobre el papel cuenta con potencial para fructificar.
Estamos ante una narración introspectiva, con inclinación a la elipsis, de sopesar pros y contras, cuestionar motivaciones, posibles interpretaciones, de auto-auscultarse en busca de claves, la de dos personas que han visto esfumarse un pilar fundamental de sus vidas que si no se daba por descontado se antojaba bien sólido, que no responde a lógicas ni a cálculos, del que tanto cuesta hablar, y del que se es consciente de que antes o después acabará emergiendo por los afluentes, por donde no le toca, con evidente riesgo de desbordamiento.
Una pareja, por otra parte, sometida a las exigencias de una sociedad en la que buscan integrarse haciendo las concesiones justas, preservando en la medida de lo posible sus valores, su conciencia social y su anhelo de cambio traducido en activismo, como ya ocurría en Grietas, la primera novela de Fernández Patón, entonces con el 15M de fondo, y que ante la constante sensación de leve opresión hará mejor en contener su frustración y rabia ante el riesgo de verla regresar como un bumerán con la potencia incrementada.
La prosa del narrador, diáfana, elude efectismos y no se ve tentada por la ofuscación mental de sus personajes, tampoco ofrece sentencias ni frases concluyentes propias de valiosos hallazgos. Valiéndose de una tercera persona sutil, levemente evocadora, es la vida cotidiana lo que refleja: vínculos familiares, dinero, amistad, responsabilidad, vocación, diversión, compromiso, toda ella filtrada por las implicaciones más bien veladas de una tara inesperada y lacerante que no pierde su halo de tabú, y también por cierta contención de carácter achacable quizás a carencias familiares.
A través de sus escenarios, tiene A partir de mañana algo de novela periférica con tendencia a la dispersión. Aunque la acción transcurre en Málaga y alrededores, su significado se ramifica hacia Ceuta, Tánger, incluso Berlín. Es un trozo de vida lo que en esos lugares se nos ofrece, algo tan pedestre, tan ambicioso, con la particularidad de que pese a las dificultades evidentes, a la incomprensión latente, pasajera o no -de ahí el influjo del título-, y a una sensación de fragilidad pronta a expandirse, aspira a ser vivido en plena complicidad, sea entre Susana y Jaime, sea entre ambos con el lector.