Superada la primera fase con más magulladoras de las que se vaticinaban, la pregunta en torno al devenir de la selección española para la siguiente fase en ese teatro de las pulsiones nacionalistas en que se ha convertido el Mundial de Futbol podría ser la siguiente:
¿Dependerá la suerte de España en este Mundial de la recuperación o no de Fernando Torres? El equipo se juega los octavos con un jugador que tras su operación aún no ha cogido el tono, el estado de forma que exige jugar contra los mejores. La idea era que fuera haciéndolo con el paso de los partidos pero a día de hoy no ha explotado. El gol de España está dependiendo demasiado de David Villa con aportaciones de un mediocampo que no se distingue por su facilidad de cara a puerta.
El entrenador parece haberse puesto en manos de su apuesta por Torres y no parece que cambiará mientras las cosas no se tuerzan. Pero a lo mejor habría llegado ya el momento de apostar por Cesc, un centrocampista que se asocia y que tiene gol. En su momento Del Bosque probó con Jesús Navas haciendo buenos a quienes aseguran que lo que al seleccionador le pide el cuerpo es abrir el campo y, quizás, dejar una marca suya en un estilo que heredó y quedó ligado a Luis Aragonés. Es una hipótesis, y para Del Bosque una tentación, además de un riesgo para todos. A Cesc le correspondía haber saltado al campo antes que Navas aunque sólo fuera por jerarquía. El entrenador ha reculado pero no se ha decidido ha sacar al catalán más allá de unos pocos minutos contra Chile cuando el partido pedía ya una tregua.
Mi apuesta es por Cesc Fábregas y sí no a lo mejor había que pensar también en Fernando Llorente aunque puede que para entonces sea tarde.
domingo, junio 27, 2010
domingo, junio 20, 2010
sábado, junio 12, 2010
Indisposición
Tras sufrir una indisposición a última hora de la tarde de ayer el presidente de gobierno tuvo que ser operado de urgencia a fin de extirparle una promesa electoral. Los médicos que le atienden aseguran que su vida no corre peligro y auguran un pronto restablecimiento. No obstante, expresaron cautela hasta conocer los resultados de los análisis efectuados a fin de determinar la naturaleza de dicha promesa y prevenir la posibilidad de recaídas. El presidente guarda reposo por lo que se cancelan todos los actos previstos para los próximos días.
jueves, junio 10, 2010
martes, junio 08, 2010
En busca de antídotos contra la resignación
Los foros en internet reproducen la frustración ciudadana ante el actual panorama social, político y económico. Pero no es fácil extraer conclusiones entre tanta algarabía, aún menos articular efectivas vías de respuesta a fin de hacer sentir a políticos y mercados nuestro cabreo. No obstante, uno se topa, de cuando en cuando, con ideas o iniciativas que en caso de prender en la ciudadanía podrían resultar efectivas, toques serios de atención que incluso podrían permitir a la sociedad recuperar el poder que le ha sido arrebatado por los mercados y la partitocracia.
Una de estas medidas consiste en votar en las próximas elecciones a partidos distintos al PP y al PSOE, los grandes beneficiarios del sistema bipartidista español que les permite alternarse en el poder independientemente de los méritos que hayan contraído durante el ejercicio de la oposición. En mi opinión, el bipartidismo, las listas cerradas y la partitocracia entendida como el acaparamiento del poder -judicatura, cajas de ahorro, toda clase de instituciones y organismos- por parte de los partidos son las grandes culpables del estrangulamiento que aqueja al sistema democrático español. Aún así, me pregunto qué méritos han contraído Izquierda Unida -desde luego, lo de Unida es un sarcasmo- o Unión Progreso y Democracia -a Rosa Díez la recuerdo exultante en sus tiempos de consejera en el gobierno de coalición PNV-PSE, partidos de los que ahora reniega, y a mí los conversos nunca me han merecido confianza, como si el reconocer que un día estuvieron equivocados les diera ahora un plus de razón- para recibir el caudal de votos producto del descontento y temo que sus representantes acaben reproduciendo los mismos vicios de los que hacen gala los actuales.
Pero he aquí que hoy en uno de esos foros en internet me he topado con un mensaje de un tal "pumuki" en el que planteaba medidas factibles que podrían hacer tambalear al sistema y así permitir que la ciudadanía fuera, por una vez, escuchada y tenida en cuenta por quienes sujetan la sarten por el mango. Reproduzco dicho mensaje contando con que el primer interesado en hacerlo es su propio autor. Dice así:
"Me parece bien que perdamos el tiempo en quejas y parloteos diversos, pero creo que ya es hora de actuar. El PODER puede ser que lo gestionen ellos, pero lo seguimos detentando nosotros. NOSOTROS consumimos, nosotros utilizamos los bancos, nosotros les cedemos, una y otra vez, incansablemente, la batuta de administrar nuestras vidas. Y SÍ, deciden este tipo de cosas, como bajarnos los sueldos, subir las hipotecas, especular con nuestras vidas. No hay límite para la avaricia y el ansia de poder y control, pero podemos dar nuestro particular TOQUE de atención. Podemos empezar a tomar conciencia de que el poder es NUESTRO, y no consumir NADA durante un día entero, ni siquiera un mal café o una barra de pan. Si realmente uniéramos nuestra fuerza, y no nos diera miedo usarla, podríamos después ponernos de acuerdo para sacar un día, todos nosotros, 100 euros del banco, todos a la vez, cada uno del suyo, y a ver qué pasa... Ya véis, si queremos, podemos, y aquí lanzo estas ideas, para que corran, para que se ponga en marcha la resistencia ciudadana, y surjan otras más y más y más..."
Un tipo lúcido este pumuki -por cierto, su nombre alemán viene de un duendecillo (ver imagen) que era invisible para todo el mundo menos para el maestro carpintero con el que vivía-. Y las buenas ideas necesitan difusión. Habría que fijar un día y, como él sugiere, no consumir nada, absolutamente nada. Quién sabe, a lo mejor hasta resulta que los poderosos nos prestan el oído.

Una de estas medidas consiste en votar en las próximas elecciones a partidos distintos al PP y al PSOE, los grandes beneficiarios del sistema bipartidista español que les permite alternarse en el poder independientemente de los méritos que hayan contraído durante el ejercicio de la oposición. En mi opinión, el bipartidismo, las listas cerradas y la partitocracia entendida como el acaparamiento del poder -judicatura, cajas de ahorro, toda clase de instituciones y organismos- por parte de los partidos son las grandes culpables del estrangulamiento que aqueja al sistema democrático español. Aún así, me pregunto qué méritos han contraído Izquierda Unida -desde luego, lo de Unida es un sarcasmo- o Unión Progreso y Democracia -a Rosa Díez la recuerdo exultante en sus tiempos de consejera en el gobierno de coalición PNV-PSE, partidos de los que ahora reniega, y a mí los conversos nunca me han merecido confianza, como si el reconocer que un día estuvieron equivocados les diera ahora un plus de razón- para recibir el caudal de votos producto del descontento y temo que sus representantes acaben reproduciendo los mismos vicios de los que hacen gala los actuales.
Pero he aquí que hoy en uno de esos foros en internet me he topado con un mensaje de un tal "pumuki" en el que planteaba medidas factibles que podrían hacer tambalear al sistema y así permitir que la ciudadanía fuera, por una vez, escuchada y tenida en cuenta por quienes sujetan la sarten por el mango. Reproduzco dicho mensaje contando con que el primer interesado en hacerlo es su propio autor. Dice así:
"Me parece bien que perdamos el tiempo en quejas y parloteos diversos, pero creo que ya es hora de actuar. El PODER puede ser que lo gestionen ellos, pero lo seguimos detentando nosotros. NOSOTROS consumimos, nosotros utilizamos los bancos, nosotros les cedemos, una y otra vez, incansablemente, la batuta de administrar nuestras vidas. Y SÍ, deciden este tipo de cosas, como bajarnos los sueldos, subir las hipotecas, especular con nuestras vidas. No hay límite para la avaricia y el ansia de poder y control, pero podemos dar nuestro particular TOQUE de atención. Podemos empezar a tomar conciencia de que el poder es NUESTRO, y no consumir NADA durante un día entero, ni siquiera un mal café o una barra de pan. Si realmente uniéramos nuestra fuerza, y no nos diera miedo usarla, podríamos después ponernos de acuerdo para sacar un día, todos nosotros, 100 euros del banco, todos a la vez, cada uno del suyo, y a ver qué pasa... Ya véis, si queremos, podemos, y aquí lanzo estas ideas, para que corran, para que se ponga en marcha la resistencia ciudadana, y surjan otras más y más y más..."
Un tipo lúcido este pumuki -por cierto, su nombre alemán viene de un duendecillo (ver imagen) que era invisible para todo el mundo menos para el maestro carpintero con el que vivía-. Y las buenas ideas necesitan difusión. Habría que fijar un día y, como él sugiere, no consumir nada, absolutamente nada. Quién sabe, a lo mejor hasta resulta que los poderosos nos prestan el oído.

Nuestros peores enemigos
No es ningún secreto que Estados Unidos es un mercado refractario a los productos culturales que llegan de terceros países. La curiosidad de los norteamericanos por lo que se cuece más allá de sus fronteras está limitada a sus élites e impera en sus ciudadanos la impresión de vivir en el mejor país del mundo, da igual que la inmensa mayoría nunca se haya aventurado más allá de sus fronteras. En realidad, dicha percepción viene alimentada por sus medios de comunicación y por una visión que de tan asentada y extendida se retroalimenta por su propio inercia. Cualquier grupo de música sabe lo complicado que resulta conquistar el mercado americano, más allá de ciertos círculos ilustrados en las grandes ciudades, y lo mismo sucede con cineastas, artistas plásticos o escritores.
Pensaba ayer en ello cuando viendo el telediario de la televisión pública me encontré con la noticia de la visita a nuestro país de cierto escritor norteamericano con motivo de la publicación de su última novela. O sea que por si no fuera poco vamos nosotros y les facilitamos el trabajo de colonización cultural. No digo que la visita de dicho escritor para hablar de su último libro no fuera un acontecimiento relevante en un programa especializado, pero ¿en el telediario de máxima audiencia? ¿Estamos tontos, o qué? ¿Por qué en lugar de poner la alfombra roja no preguntan a cualquiera de nuestros primeros espadas literarios acerca de las innumerables trabas que se encuentran para acceder a los lectores norteamericanos?
Y lo mismo se podría decir del cine. Estamos acostumbrados a que en los telediarios se publiciten los estrenos de la semana que a menudo consisten en películas salidas de la factoría de Hollywood. Por su parte, en los Estados Unidos no existe el doblaje de películas. Quien quiere ver una película extranjera -que dado el ombliguismo de su sociedad, no son muchos- ha de enfrentarse a los temidos subtítulos y, por supuesto, en ningún caso reciben publicidad gratuita de las grandes cadenas de televisión.
En definitiva, mientras nosotros nos empeñamos en abrirles todas las puertas ellos las mantienen cerradas a cal y canto, tanto las físicas como las mentales. Claro que luego nuestros economistas se lamentan de que no hay manera de corregir el déficit exterior español. Nuestras exportaciones menguan en comparación a nuestras importaciones lo que se traduce en deuda y en pobreza. Lo insólito es que el déficit no sea aún mayor dado el empeño que ponemos en ello.
Pensaba ayer en ello cuando viendo el telediario de la televisión pública me encontré con la noticia de la visita a nuestro país de cierto escritor norteamericano con motivo de la publicación de su última novela. O sea que por si no fuera poco vamos nosotros y les facilitamos el trabajo de colonización cultural. No digo que la visita de dicho escritor para hablar de su último libro no fuera un acontecimiento relevante en un programa especializado, pero ¿en el telediario de máxima audiencia? ¿Estamos tontos, o qué? ¿Por qué en lugar de poner la alfombra roja no preguntan a cualquiera de nuestros primeros espadas literarios acerca de las innumerables trabas que se encuentran para acceder a los lectores norteamericanos?
Y lo mismo se podría decir del cine. Estamos acostumbrados a que en los telediarios se publiciten los estrenos de la semana que a menudo consisten en películas salidas de la factoría de Hollywood. Por su parte, en los Estados Unidos no existe el doblaje de películas. Quien quiere ver una película extranjera -que dado el ombliguismo de su sociedad, no son muchos- ha de enfrentarse a los temidos subtítulos y, por supuesto, en ningún caso reciben publicidad gratuita de las grandes cadenas de televisión.
En definitiva, mientras nosotros nos empeñamos en abrirles todas las puertas ellos las mantienen cerradas a cal y canto, tanto las físicas como las mentales. Claro que luego nuestros economistas se lamentan de que no hay manera de corregir el déficit exterior español. Nuestras exportaciones menguan en comparación a nuestras importaciones lo que se traduce en deuda y en pobreza. Lo insólito es que el déficit no sea aún mayor dado el empeño que ponemos en ello.
sábado, junio 05, 2010
The National
No son unos mozalbetes. Tampoco la última esperanza llamada a sacudir la cada vez más previsible escena musical. Rondan los cuarenta tacos y presentan cierto aspecto de crooners malditos, como unos Tindersticks rehabilitados de sus instintos más decdentes y suicidas. Viven en Brooklyn y cuentan con cinco discos a sus espaldas. Y, de pronto, con el sexto, van y lo bordan. High Violet ofrece un sonido maduro, sin fisuras ni altibajos, y textos implícitos, de esos que no se agotan. Quizás una banda sonora en blanco y negro no sea la más propicia para los tiempos de verano que se avecinan, pero tiene remedio: basta con cerrar los ojos y dejarse llevar.
martes, junio 01, 2010
Infección
Tras herirse con la punta de un diagnóstico infectado que él mismo manipulaba al tertuliano le hubo de ser administrada con urgencia la inyección anti-tetánica.
lunes, mayo 31, 2010
Es noticia en todos los periódicos económicos
PELIGROSO ACCIDENTE INTERRUMPE DURANTE VARIAS HORAS EL TRÁFICO DE INFLUENCIAS
Un cortocircuito originado en la sede de una destacada delegación de la administración estatal provocó en el día de ayer un colapso en el tráfico de influencias. Aunque sus causas aún nos han sido aclaradas las autoridades aseguran que expertos trabajarán sin descanso a fin de que el flujo sea restablecido en la mayor brevedad.
Un cortocircuito originado en la sede de una destacada delegación de la administración estatal provocó en el día de ayer un colapso en el tráfico de influencias. Aunque sus causas aún nos han sido aclaradas las autoridades aseguran que expertos trabajarán sin descanso a fin de que el flujo sea restablecido en la mayor brevedad.
lunes, mayo 24, 2010
Fin; David Monteagudo

"Fin", la ópera prima de David Monteagudo publicada por Acantilado, ha sido una de las últimas sorpresas literarias en nuestro país, ésas que se cuentan con los dedos de una mano. Se trata de una novela que ofrece una hábil mezcla de géneros: ciencia ficción (versión apocalíptica) e intriga, con ecos variados que van desde Alien a Los diez negritos pasando por Los amigos de Peter y La carretera.
Monteagudo ofrece en ella una visión ciertamente cruda de la existencia -la vida como un ejercicio de impotencia- en la que las personas se extravían en sus propias mezquindades. El ser humano como un ente indefenso, inerme, ante fenómenos que no alcanza a entender pero que amenazan su supervivencia.
La trama gira en torno a un grupo de viejos amigos que, después de mucho tiempo organizan un reencuentro en un paraje remoto coincidiendo con el instante en el que alguien o algo parece desconectar el enchufe que da vida al género humano. Su temporal aislamiento alimenta su perplejidad y sus dudas a la hora de intentar reincorporarse a un mundo real que ha dejado de existir.
A los viejos amigos sólo parece unirles el recuerdo, la ausencia y, sobre todo, el peso de la culpa, a través del amigo ausente con el que en su día no se portaron bien y a quien atribuyen la responsabilidad de su desdicha a modo de venganza. Los personajes están bien trazados, lo bastante explicitados cada uno de ellos como para distanciarse del efecto de una novela coral. La intriga está administrada con sabiduría, más aún tratándose de una primera novela.
En definitiva, el mérito de Monteagudo reside en haber escrito una obra segura de sí misma, que no ofrece resquicios, que no deja lugar a la esperanza, que empequeñece al género humano y rehuye a conciencia cualquier aliento de trascendencia. Y, aún así, se lee con la fruición propia de un thriller.
domingo, mayo 23, 2010
Un campeón ¿italiano?

Veía ayer la final de la Copa de Europa -me resisto a decir Champions, ese anglicismo inútil que nos han impuesto- ganada por un equipo de evidente factura italiana y constataba que el único jugador transalpino saltaba al campo cuando faltaba un minuto para que concuyera el encuentro. Los había argentinos de ascendencia -eso sí- italiana, brasileños, eslavos, rumanos, cameruneses, holandeses. El entrenador, por su parte, era portugués. Extraños tiempos estos en los que un equipo típicamente italiano se forja con materiales de medio mundo. Al menos, cabe pensar que entre ellos se comunicarán en la lengua de Dante, pero puede que ni eso. Dicen que a los jugadores de los equipos campeones les basta con mirarse para entenderse.
viernes, mayo 14, 2010
martes, mayo 11, 2010
Falling Man
Aunque suelo reservar las reseñas literarias para la web http://www.espacioluke.com/ a veces se me acumulan. De ahí que incluya aquí la relativa a "Falling Man", la novela de Don DeLillo dedicada al atentado del 11S:

Algunos escritores con vitola de oportunista -pensemos, por ejemplo, en Frederic Beigbeder y su Windows of the World- no dudaron en lanzarse al ruedo -al vacío sería emplear una metáfora demasiado siniestra-, pero a la literatura le conviene dejar pasar un tiempo prudencial antes de abordar un fenómeno que ha tenido un impacto real, más aún si se trata de un evento de la magnitud de atentado del 11S contra las TorresGemelas de Nueva York.
No es posible asimilar, determinar el verdadero alcance, las consecuencias de un acontecimiento de semejante calibre -encontrarle sentido quizás sea una tarea imposible pese a su brutal inserción en la realidad- sin la perspectiva que ofrece el paso del tiempo. Y muchas veces ni aún así. Por ello uno está tentado a pensar que un periodo de seis años -es el intervalo que media entre el atentado y la publicación de la novela Falling Man- no resulta suficiente ni siquiera para escritores con el talento y la perspicacia de Don DeLillo.
Y es que una de las virtudes de DeLillo es su capacidad para registrar las corrientes alternas, las ondas subliminales que envuelven y dotan de sentido a fenómenos de apariencia más o menos banal, como si a la hora de desentrañar el misterio de un ser vivo en gestación entendiera que en lugar de en el feto las claves residieran en la placenta que lo acoge. Así, el responsable de White Noise o de Underworld parece un autor idóneo a la hora de poner el foco en el alcance de lo que aconteció en Nueva York durante aquella soleada mañana de septiembre.
La lectura de Falling Man deja, sin embargo, cierto regusto a ocasión desperdiciada. Aunque podemos entender, empatizar con la crisis emocional, con el extravío existencial al que se ven sometidos sus personajes, no resulta fácil asociar sus cuitas al atentado. Es más bien como si ése se entremezclara o, a lo sumo, destapara, exacerbara, unas carencias que ya estaban allí.
Pero lo que en última instancia lastra el loable empeño de DeLillo es la fallida metáfora construida alrededor del personaje que da título a la novela. Se trata de un artista o performer que sin previo aviso simula arriesgadas caídas, siempre desde lugares elevados, en espacios públicos de la ciudad de Nueva York, como una evocación de aquellos trabajadores que arrastrados por la desesperación se lanzaron al vacío desde los pisos más altos de las Torres Gemelas. Si acaso, las representaciones de El hombre en caída libre producen en el lector extrañeza e incomprensión, sensaciones que al abordar la lectura del libro éste, quizás ingenuamente, confiaba en empezar a dejar atrás. Al terminar la lectura la sensación de absurdo pervive y uno no puede por menos que preguntarse si sus expectativas al abordarla eran fundadas.

Algunos escritores con vitola de oportunista -pensemos, por ejemplo, en Frederic Beigbeder y su Windows of the World- no dudaron en lanzarse al ruedo -al vacío sería emplear una metáfora demasiado siniestra-, pero a la literatura le conviene dejar pasar un tiempo prudencial antes de abordar un fenómeno que ha tenido un impacto real, más aún si se trata de un evento de la magnitud de atentado del 11S contra las TorresGemelas de Nueva York.
No es posible asimilar, determinar el verdadero alcance, las consecuencias de un acontecimiento de semejante calibre -encontrarle sentido quizás sea una tarea imposible pese a su brutal inserción en la realidad- sin la perspectiva que ofrece el paso del tiempo. Y muchas veces ni aún así. Por ello uno está tentado a pensar que un periodo de seis años -es el intervalo que media entre el atentado y la publicación de la novela Falling Man- no resulta suficiente ni siquiera para escritores con el talento y la perspicacia de Don DeLillo.
Y es que una de las virtudes de DeLillo es su capacidad para registrar las corrientes alternas, las ondas subliminales que envuelven y dotan de sentido a fenómenos de apariencia más o menos banal, como si a la hora de desentrañar el misterio de un ser vivo en gestación entendiera que en lugar de en el feto las claves residieran en la placenta que lo acoge. Así, el responsable de White Noise o de Underworld parece un autor idóneo a la hora de poner el foco en el alcance de lo que aconteció en Nueva York durante aquella soleada mañana de septiembre.
La lectura de Falling Man deja, sin embargo, cierto regusto a ocasión desperdiciada. Aunque podemos entender, empatizar con la crisis emocional, con el extravío existencial al que se ven sometidos sus personajes, no resulta fácil asociar sus cuitas al atentado. Es más bien como si ése se entremezclara o, a lo sumo, destapara, exacerbara, unas carencias que ya estaban allí.
Pero lo que en última instancia lastra el loable empeño de DeLillo es la fallida metáfora construida alrededor del personaje que da título a la novela. Se trata de un artista o performer que sin previo aviso simula arriesgadas caídas, siempre desde lugares elevados, en espacios públicos de la ciudad de Nueva York, como una evocación de aquellos trabajadores que arrastrados por la desesperación se lanzaron al vacío desde los pisos más altos de las Torres Gemelas. Si acaso, las representaciones de El hombre en caída libre producen en el lector extrañeza e incomprensión, sensaciones que al abordar la lectura del libro éste, quizás ingenuamente, confiaba en empezar a dejar atrás. Al terminar la lectura la sensación de absurdo pervive y uno no puede por menos que preguntarse si sus expectativas al abordarla eran fundadas.
martes, mayo 04, 2010
Conversos
sábado, mayo 01, 2010
Progreso
Y a partir de ahora, gracias a la agilización implantada por el nuevo sistema, le será posible cobrar la prestación de desempleo cómodamente desde su lugar de trabajo.
domingo, abril 25, 2010
Sobre mercados y gobiernos
Sí, es cierto; me salvaste la vida. Pero al hacerlo cometiste una infracción y hay que ver también el desorden que tienes en tu casa. Es por eso que no tengo más remedio que multarte.
lunes, abril 19, 2010
Leer

Ahora que se acerca del Día del Libro, para aquellos que sólo se cuestionan la utilidad de las cosas, ahí van cinco razones por las qué leer:
1 ejercita la paciencia
2 potencia la capacidad de escuchar
3 se desarrolla poder de concentración
4 ayuda a comprender/nos (a través de los otros)
5 contribuye a articular el propio mensaje
jueves, abril 15, 2010
Democracia a la española
Si apenas usado ya se le abren las costuras; una de dos: o le queda prieto o está mal tejido. Y no, no me refiero a unos pantalones, hablo de la democracia a la española.
lunes, abril 12, 2010
La sartén por el mango
domingo, abril 04, 2010
El concierto

Reconozco que no soy imparcial. Cuando una película logra insertar música de un modo inteligente y efectivo a fin de dotar de sentido a la trama, me rindo. Y eso es precisamente lo que sucede en "El concierto", de Radi Mihaileanu. Una comedia de aspecto descacharrado, en apariencia, con base de denuncia que, sin embargo, se eleva y eleva hasta cotas insospechadas gracias al poder redentor de la música.
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