En
A partir de mañana, la tercera novela publicada de Santi
Fernández Patón (Editorial Ferragosto, 2022), el “sexo débil”
es el masculino, reflejado en la impotencia que aqueja a Jaime y que
carcome su complicidad con Susana, su pareja. A la ausencia de sexo,
de intimidad física en la relación, se une la dificultad y la falta
de preparación para abordar y afrontar abiertamente un hecho
esperable quizás en una relación de muy largo recorrido pero no en
una a la que se presupone frescura, de juventud tardía, o de madurez
temprana, en torno a la treintena, para entendernos. Alguien
habituado a abrirse paso en la vida laboral a base de encadenar
trabajos precarios, inestables, y que se pregunta hasta cuándo será
así acaba por no saber muy bien en qué fase vital se halla o le
corresponde.
Una
masculinidad frágil, en cuestión, es el eje por el que gira una
novela que se alimenta de sus inseguridades, sea a través de quien
la padece en primera persona, sea a través de las dudas que genera
en su novia pues incide de lleno en su feminidad además de en el
compromiso mutuo; así también de la frustración, la incomprensión
creciente que acaba por envolver y amenaza a una pareja que se ve de
pronto desnuda, indefensa, a la vez junta y distante, cuando sobre el
papel cuenta con potencial para fructificar.
Estamos
ante una narración introspectiva, con inclinación a la elipsis, de
sopesar pros y contras, cuestionar motivaciones, posibles
interpretaciones, de auto-auscultarse en busca de claves, la de dos
personas que han visto esfumarse un pilar fundamental de sus vidas
que si no se daba por descontado se antojaba bien sólido, que no
responde a lógicas ni a cálculos, del que tanto cuesta hablar, y
del que se es consciente de que antes o después acabará emergiendo
por los afluentes, por donde no le toca, con evidente riesgo de
desbordamiento.
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Una
pareja, por otra parte, sometida a las exigencias de una sociedad en
la que buscan integrarse haciendo las concesiones justas, preservando
en la medida de lo posible sus valores, su conciencia social y su
anhelo de cambio traducido en activismo, como ya ocurría en Grietas,
la primera novela de Fernández Patón, entonces con el 15M de fondo,
y que ante la constante sensación de leve opresión hará mejor en
contener su frustración y rabia ante el riesgo de verla regresar
como un bumerán con la potencia incrementada.
La
prosa del narrador, diáfana, elude efectismos y no se ve tentada por
la ofuscación mental de sus personajes, tampoco ofrece sentencias ni
frases concluyentes propias de valiosos hallazgos. Valiéndose de una
tercera persona sutil, levemente evocadora, es la vida cotidiana lo
que refleja: vínculos familiares, dinero, amistad, responsabilidad,
vocación, diversión, compromiso, toda ella filtrada por las
implicaciones más bien veladas de una tara inesperada y lacerante
que no pierde su halo de tabú, y también por cierta contención de
carácter achacable quizás a carencias familiares.
A
través de sus escenarios, tiene A partir de mañana algo de
novela periférica con tendencia a la dispersión. Aunque la acción
transcurre en Málaga y alrededores, su significado se ramifica hacia
Ceuta, Tánger, incluso Berlín. Es un trozo de vida lo que en esos
lugares se nos ofrece, algo tan pedestre, tan ambicioso, con la
particularidad de que pese a las dificultades evidentes, a la
incomprensión latente, pasajera o no -de ahí el influjo del
título-, y a una sensación de fragilidad pronta a expandirse,
aspira a ser vivido en plena complicidad, sea entre Susana y Jaime,
sea entre ambos con el lector.